¿Para qué sirve la FiLoSOfÍa?

 

Presentación para alumnos que éstos,

como es habitual,

estarán tentados de saltarse.

 
[Con ocasión de presentarte la asignatura de FiLoSOfÍa, irán deslizándose algunos de sus rasgos. Quiero que los vayas apuntando a medida que los encuentres para hablar sobre ellos en clase].
 
Quizá, en contra de lo acostumbrado, te decidas a leerla. ¿Sobrevivirás? Seguro que sí, pues ya estás en 1º de Bachillerato. No está mal. Ya puedes presumir de estar tocando la puerta de salida del Instituto. Por fin perteneces a los mayores, los que saben de qué va esto. No como los pequeños que ignoran de qué va E.S.O. que es­trenan. Ahora, a ver qué pasa. Y, en concreto, a ver de qué van algunas asig­naturas nuevas, como ésta, la FiLoSOfÍa, tan rara, según dicen algunos, como la manera en que escribo su nombre. Algo viste en la Ética de 4º, pero, como también algo habrás oído, quizá te asalten dudas, ali­mentes expectativas o albergues temores. Normal. Igual que si te resultase indife­rente. Todas estas actitudes caben. La que importa es la que nazca en ti cuando ya la conozcas un poco, cosa que vamos a intentar durante este curso.

Por si te sirve de brújula, ya que te empeñas en seguir leyendo, empezaré comen­tán­dote algunas cosas, de modo sencillo y para ir haciendo boca. La FiLoSOfÍa no es una de esas "operaciones-triunfo-seguro-y-éxito-asegurado-para-los-números-uno-que-nosotros-elijamos" que tanto proliferan por las televisiones, no capacita para "llegar a la cima en la vida", cosa que en nuestro mundo -como bien sabrás- va indisolublemente ligada a ganar dinero, muuuuucho dinero. Pues eso, que no te promete éxitos; si acaso, alguna calentura, más de un dolor de cabeza y puede que la manía de andar preguntando siempre ¿por qué?, algo que suele molestar bastante a los demás, sobre todo si tienen poder. ¿Por qué será? (Perdón, ya se me escapó. ¡Dichosa manía!).
    Ya te veo, ahora viene la preguntita de marras: si lo que la FiLoSOfÍa aporta son incordios y sinsabores, entonces ¿para qué sirve? Mejor la dejamos tranquila, ¿no?
    Para empezar, no sólo te promete dolores de cabeza; también profundos gozos y horas de disfrute, y éste es uno de los retos que tenemos para este curso: conseguirlo. Pero habías lanzado eso de para qué sirve la FiLoSOfÍa. Buena pregunta; sí, señor. Buena pre­gunta… precisamente para hacer eso que, por lo visto, no te parece tan necesario: FiLoSOfar. A ver, piensa un poco en ello: ¿por qué tiene que servir para algo? ¿Es que, si no sirviera para nada, si por ejemplo no te aportase recursos para triunfar (como cualquiera de las "operaciones-triunfo-seguro-y..." antes mencionadas), es que si no prometiera el éxito, qué: carecería de sentido? Fíjate bien en que, sin darnos cuenta, nos hemos metido de lleno en la FiLoSOfÍa. Pues resulta que la pregunta que, como si tal cosa, has dejado caer está –lo sepas o no- cargadita de presupuestos, empapada de una cierta filosofía. Lo que no es seguro es que ésta sea precisamente buena. Además –permíteme esta pequeña maldad, te lo ruego-, como si no servir para nada fuera algo tan raro. En los mentideros de masas, no son pocos los inútiles totales que a diario lucen su fatuidad, sin que esto les impida pertenecer a la selecta casta influyente y poderosa. Así que no es para dárselas tanto de ofendido o sorprendido, digo yo.

Y ahora que lo has pensado un poquito, como si te viera, de nuevo me replicarás: "¿Por qué no va a ser buena mi filosofía? Cada cual tiene la suya propia –argüirás-, y ninguna tiene por qué ser mejor o peor que otra". Pues, mira por dónde, también aquí te estás metiendo en FiLoSOfÍa, o, mejor dicho, estás de hecho metido de lleno en ella. ¡Cuántas cosas estás dando por supuestas, por obvias y naturales! Por ejemplo, eso de que cada cual tiene "su" filosofía, ¿estás seguro de que es así? Te apuesto que, si rascas un poco en cada uno de nosotros –en ti, en mí, en tus amigos, en los que escriben, en los que locutan por radio y por tele, en los que bloggean y twittean-, acabarás encontrando que muchos, en ocasiones casi todos, compartimos las mismas opiniones sobre montones de asuntos. Eso sí –observa qué curioso-, sin que nunca antes nos hayamos puesto de acuerdo ni nos hayamos parado siquiera a pensar sobre ellos. Como ves, no es tan seguro eso de que cada cual tenga su particular filosofía, además propia.
    También te parece lo más natural del mundo que no existan unas filosofías mejores que otras, o unas imbéciles y otras que no lo sean (según la cita de Charles Péguy del "Rincón" de esta página). Quizá se deba a que lo ves poco igualitario y, por ende, poco democrático. Ahí tienes otro buen ejemplo de lo que te decía: estás expresando cierta filosofía inconsciente, es decir, ésa en la que estás inmerso sin saberlo, ésa que tan bonitamente y como quien no quiere la cosa tanta gente expresa cuando dice que "todas las opiniones son igualmente respetables". Te apuesto lo que quieras que, si te paras a pensarlo, concluirás enseguida que no es verdad; más aun, que quien lo sostiene tan rotundamente no se lo cree; todavía más, que ni siquiera puede creérselo. ¿De verdad piensas que a esa persona le merecen el mismo crédito la opinión de que una operación de muelas se la puede practicar un cirujano máxilo-facial y la opinión de que se la puede realizar igual de bien el carnicero de la esquina, habituado también a cortar carnes? ¿Estás seguro de que esa misma persona opina que decir que "la mujer es tan capaz como el varón de realizar cierto trabajo" vale lo mismo que decir que "la mujer debe quedarse en casa y con la pata que­bra­da" -como salmodia un refrán cruel y que aún se oye-, o que vale lo mismo afirmar que "todo extranjero es un enemigo" que sostener lo contrario? Seguro que, a la luz de estos últimos ejemplos, ves los ries­gos que en­tra­ña afirmar que todas las opiniones son igual de respetables.
    Te decía más: que encima no puede creérselo. En efecto, ¿piensas que quien sostiene que todas las opi­nio­nes valen lo mismo aceptará por ello que esta opinión suya valga lo mismo que la opinión que dice que "no todas las opiniones valen lo mismo, pues las hay que son más verdaderas o mejores que otras"? Si aceptara que una y otra valen igual, entonces simple­men­te no podría afirmar la que afirma. Ya te veo: ¡Qué lío! Piénsalo despacio. No corras.

Bueno, como ves, sin querer queriendo, nos hemos metido a hacer FiLoSOfÍa. No está mal para una mera presentación. De todas formas, para que no sospeches que pretendo escaquearme sin responderte, ahí va un aperitivo de respuesta: ¿Que para qué sirve la FiLoSOfÍa? Pues, verás, la FiLoSOfÍa "sirve" para mostrar que, bajo esta misma pregunta, se esconde toda una filosofía o toda una concepción sobre qué son las cosas, de la que habitualmente no nos percatamos pero que rige nuestro trato con ellas, con los demás, con el tiempo, con la muerte, con la vida, con el lenguaje, con el amor, con el Dios, con nosotros mismos....
    ¡Entonces sirve para algo! –alegas, con cierto aire triunfal mal disimulado-. Bien, lo admito, sirve, sí, pero no para acumular éxitos en la vida, sino para algo quizá más básico, más de cimientos: para buscarle su sentido a nuestra vida como personas ("buscárselo"; otra cosa es que demos con él); un sentido sobre el que tú y yo y cada cual pueda edificar, ladrillo a ladrillo (acto a acto, dolor a dolor, encuentro a encuentro, amor a amor,  esperanza a esperanza, compromiso a compromiso, decepción a decepción…), esa vida que es la propia. Y esto, teniendo siempre en cuenta que, como señaló el filósofo Gabriel Marcel, "el hombre depende en gran medida de la idea que se hace de sí mismo, y esta idea no puede ser degradada sin ser, por ello mismo, degradante" (mira en el " Rincón de la cita " de la entrada a la web). Tú mismo has podido constatar hace un momento lo importante que es dar con la significación: enseguida se te disparó la pregunta de para qué sirve la FiLoSOfÍa. Estabas reclamando un sentido a esta tarea que se te impone para este nuevo curso.
    Y como a FiLoSOfaR se aprende como a nadar, tirándose al agua (como señala García-Morente en su Introducción -al final de esta presentación-), empezaremos por la WebQuest-1 (Pensar sobre la propia vida), que te guiará en tus indagaciones sobre la experiencia filosófica y su despertar (en esta página, al final de la columna de tu izquierda). El objetivo es que, al terminar el curso, estemos en condiciones de apreciar muchos de los matices que resuenan en la pregunta con la que lo ini­cia­remos: ¿Cuánto mide la existencia?.
    Así, a palo seco, es verdad que la preguntita se las trae; además, ¿qué es eso de medir... ¡¡¡la existencia!!!? ¿Cómo se mide algo así? Pero no vamos a asustarnos por eso. Da­re­mos vueltas a su alrededor y a ella la voltearemos todas las veces que sea preciso, pero no nos rendiremos. Esto es muy im­por­tante y quiero que no lo olvides: "Por muy difícil que pueda resultarme algo –en esta asig­natura o en otra, da igual-, no me voy a rendir, así que no po­drá conmigo". De todos modos, tendrás ocasión de comprobar hasta hartarte que esto de dar vueltas a las cosas es el deporte favorito de la FiLoSO­fÍa. Quizá por eso, con cierto aire de superioridad a veces, quienes no la conocen de­nun­cian como una extravagancia esto de practicar algo que no lleva a ninguna parte. Ahora bien, ¿y si, antes de ir a ningún sitio, tuviéramos que enterarnos bien de cuál es el punto en el que estamos y del que pretendemos partir? (¡Otra vez la dichosa manía de pregun­tar!).
En suma, la necesidad y la urgencia de encontrarle un sentido a nuestra vida como seres humanos va a ser el eje en torno al cual se organice este curso. Le dedicaremos un capítulo. Pero antes, asistiremos al despertar de esa inquietud asomándonos a la infancia desde dos puntos de vista, el psicológico y el filosófico. Después, compararemos al hombre y al animal, pues, siendo como es el hombre un animal, sin embargo no es un animal como los demás: reconozcámosle al menos que es el único animal del que se sabe que lleva miles de años intentando averiguar qué es y cuál es su cometido en la vida.
    Una vez comparado el modo de estar el animal en su medio con el modo de estar el hombre en el mundo, estaremos en condiciones de acercarnos a algunas de las invenciones con las que, a lo largo de la historia, el hombre ha ido intentando hallarle sentido a su vi­da; comprobaremos que la Cultura, tan denostada a veces la pobre, significa el trán­sito de la Naturaleza a la Libertad, sin acabar de pasar nunca de la una a la otra to­tal­mente (lo cual tiene su miga).
    En un nuevo capítulo, nos detendremos a pensar sobre esto del sentido y las objeciones al mismo que tantas veces nos asaltan, debidas al sufrimiento, al mal y a la muerte (recuerda aquel verso tre­men­do de Miguel Her­nán­dez con el que remata un hermoso y vibrante soneto: ‘¡cuánto penar para morirse uno!’). Sin duda, será éste del Sentido un plato fuerte, quiero decir suculento y a veces un poquito duro, pero seguro que sobreviviremos.
    A continua­ción, si de lo que se trata es del sentido que seamos capaces de encontrarle cada uno de nosotros a nuestra propia vida (la única que nos ha tocado en suerte, buena o mala), no podía faltar que habláramos de una de las más importantes fuentes de senti­do que tenemos, que nos dice cómo vivir, qué pensar, en qué creer y a qué aspirar. Ya barruntas que me estoy refiriendo a la Televisión. Así es. Como comprobarás, el que nuestra vida gire más de lo que sospechamos en torno a la tele y sus parientes (inter­net, etc.) no es baladí.
    Si la TV ejerce tanta influencia como constataremos, ¿qué papel juega en ese contexto la política, en el sentido más noble del término? En un nuevo capítulo, nos acercaremos pues a la Política, intentando pensar sus retos en un mundo como el nuestro: '¿qué ciudadanos para qué política?'.
     Y terminaremos con una interesante con­fe­rencia del pensador francés Robert Redeker sobre cómo hay que entender la crisis de la escuela: ¿se trata de una crisis de sociedad o, como sostenía Charles Péguy, de una crisis de vida? Como ves, un largo viaje para volver al principio, a hablar de la incorpo­ra­ción del hombre al mundo, que se inicia desde su nacimiento –si acaso no antes-, y el modo mejor de habitarlo humanamente. Quizá, en el fondo, a lo largo de todo el curso no hagamos sino hablar de educación, asunto muy serio. De veras.

Espero que esta presentación, aunque sólo sea un aperitivo, te haya servido para dar respuesta a tus temores y a tus preguntas. El resto de la respuesta requiere más tiempo, por lo menos todo el curso de FiLoSOfía que ahora empezamos.

Para ello, nos serviremos de esta antología de textos de pensadores (filósofos, psicólogos, poetas y narradores principalmente, como te decía antes), acompañados por Mafalda y sus amigos y salteados con pensamientos que encontrarás, arriba a tu derecha, en el Rincón de la cita. No es un manual al uso. En él no se habla de los pen­­sa­dores, sino que son ellos mismos quienes toman la palabra, en fragmentos más o menos extensos, unos más difíciles que otros, que he seleccionado como material de trabajo del curso. Con ellos y con algunas películas que iremos viendo, iremos entablando ese diálogo con los demás, con nuestra historia y con nosotros mismos que va tejiendo nuestro ser más propio. ¡Qué curioso, fíjate: en lo más propio dependemos de los demás! ¡Magnífica paradoja para pensar sobre ella! Ojalá que estos textos te abran el apetito de seguir leyendo por tu cuenta más cosas de FiLoSOfÍa.

¡Ah! Sólo una consideración más: si has logrado llegar hasta aquí sin mucho desmayo es que puedes con esta asignatura. Así que ¡ÁNIMO! Empieza con la lección de Manuel García-Morente que hallarás más abajo. (Jesús Mª Ayuso Díez).
* * *
Vas a empezar leyendo el texto de Manuel García Morente al que me refería en la presentación anterior.
    En él explica a sus alumnos de la Universidad de Méjico cómo no sirve de nada ofrecer una definición de la FiLoSOfía si no va acompañada de la correspondiente experiencia. Sin ésta, aquélla sería, en el mejor de los casos, una frase huera.
    No temas, este texto no es difícil. Podrás con él.
    Anota en tu cuaderno las claves del mismo.
    Aquí lo tienes: La Filosofía y su vivencia.

El rincón de la cita

Todo el mundo tiene su filosofía. Los buenos tienen la filosofía buena; los malos la tienen mala... Los políticos la tienen política; los parlamentarios la tienen parlamentaria, y los imbéciles la tienen imbécil.

(Charles Péguy)

Álex Mumbrú (coord.)

Huérfanos de sofía. Elogio y defensa de la enseñanza de la filosofía

Fórcola Ediciones,

2014, Madrid

¿Cuánto mide la existencia? (Roger-Pol Droit)

Examinar la propia vida

(Sócrates / Platón)

Filosofía y búsqueda

(García-Baró y Merleau-Ponty)

La filosofía en España. Necrológica

Miguel García-Baró y Olga Belmonte García

 

Las implicaciones de la acción (Maurice Blondel)

El filósofo en la ciudad.

Sócrates visto pòr Hannah Arendt

Vivir expuesto.

Sócrates visto por Jan Patocka

Las preguntas filosóficas de los niños (Karl Jaspers)

Crecer de golpe (Susana Tamaro)

Tierras de penumbra (R. Attenborough)

La filosofía como actitud existencial (M. García-Baró)